Las niñas bloqueadas

La neurosis es un conflicto, generalmente inconsciente, entre los sentimientos que uno experimenta realmente pero no se atreve a admitir y mostrar, y los sentimientos que se cree obligado, por la educación recibida y las exigencias sociales, a expresar.
No se si a ustedes, pero para nosotras eso es pan de cada día. Vivimos una verdad a medias. Uno siempre dice ser libre, pero no puede librarse de todo aquello que la sociedad y el medio lo obliga a ocultar. Eso a veces hace más díficil la adaptación a diversos momentos y diversos lugares, y por aquello también es que se nos crean hipocondrías, miedos irracionales y dolores que no encontramos como sanar, y que muchas veces no nos dejan avanzar.
Pues no estamos dispuestas por más tiempo a tal especie de abuso emocional. Este blog, pues, está destinado a ser una terapia contra estas neurosis por las que nos vemos atacadas diariamente, tanto como para quién escribe, como para quién lo lee. Es hora, pues, de dejar que todo fluya. Eso empieza aquí y ahora, para tí y para nosotras.

3 abr. 2008

Contando fantasmas, parte II

Y como lo prometido es deuda y no me gusta tener deudas que saldar, aquí la parte II de la entrega anterior. En esta parte relato mi experiencia sobrenatural con un fantasma casi reciente, diría que de algunos meses atrás. Es un fantasma que aun me acecha a veces, un fantasma que esta entre los pasillos de la universidad, mi habitación, el frapuccino, los diciembres y las despedidas. Ese fantasma fue alguien significativo para mí, marcó el primer beso real que alguna vez me dieron, pues significó algo (no como mis anteriores experiencias). Inevitablemente, la distancia y otros fantasmas no nos quisieron nunca juntos. Lo que pudimos tener murió, porque en sí el sujeto estaba ya infectado de mucha porquería sin querer yo darme cuenta, y además porque otro fantasma venía del más allá (tierra lejana de la cual no daré cuenta) para llevarselo e impedir que por fin yo pudiera encontrar al Señor Soñado. Tal vez fue para bien...ustedes son de juzgar...



No se como lo encontré. Es decir, lo habia visto, habíamos intercambiado algunas palabras, pero ahí se quedó todo. No estaba mal, pero no era mi tipo. Eso sí...admitiré que era lindo. Tenía una miradita de niño tiernísima, era gracioso y olía rico, a colonia de Calvin Klein. No se acordaba bien de mi nombre al principio, pero en cuanto lo supo no pudo hacer mas que bromear sobre él. En poco tiempo hicimos migas, y andábamos juntos, caminábamos, nos reíamos, bromeábamos. De pronto, tal vez, me hacía sentir atontada, anonadada, pero realmente genial...
Era tan diferente a mí, no sé. Odiaba algunas cosas que alguna vez me gustaron, y gustaba de algunas cosas de las que yo ni idea tenía. Y era por eso que me empezó a llamar la atención. Era como un mundo nuevo por descubrir. Sin embargo, algo tenía que lo hacía indescifrable. No podía entenderlo, y me exasperaba de vez en cuando, aunque eso incrementaba mis ganas de saber más de él. Y así me prendé. Simplemente, y en unos cuántos días, me prendé. Quisiera dar más explicación, pero fue así de sencillo...una chispa sirvió para que el fuego ardiera dentro mío, se avivara una vez más de nuevo, como no lo hacía desde hace tiempo...
Y se sentía, tan tan bien!

Era él el casi soñado. Mi McDreamy. Estaba en el lugar indicado, pero en el momento más impreciso. Las semanas se habían acortado, y se hacía cada vez más tiempo de partir. Cómo dejar una marca ? Cómo hacer que me encontrara a mí, como yo a él?
Así es que empezó el tiempo obsesivo de verse, de tontear por ahí, de mirarlo mucho, de no estudiar y de comer poco. En fin, de ser feliz con casi nada, que a la vez lo era todo. De ser feliz con él, aunque fueran segundos. Por instantes, él parecía interesarse más en mí que en nadie más. Emanaba una energía grandiosa entre nosotros, cuando lo miraba directamente a los ojos y parecía responderme con la mirada. Era como respirar por fin...Sentía que me entendía, que me correspondía...ilusa, tonta de mí. Volé muy alto, y pronto caí. Su actuar no era diferenciado conmigo, sólo era así....con todas...


Me costaba entenderlo. Él no era malo, o eso pensé, tal vez no buscaba nada casual. Pero parecía sentirse más, digamos, cómodo con mujeres. Cuando estábamos con una chica más, y le prestaba atención, me solía sentir idiota e insultarlos a los dos mentalmente. Me cuesta admitirlo, pero me sentía celosa. Me sacaba de las casillas. Para calmar mi angustia, trataba de convencerme que realmente me veía como algo más. Me consolaba apelando al hecho de que buscara tiempo a solas, que quisiera estar conmigo, que me llamara...pero esto no parecía ser suficiente...y evidentemente no lo era.
Decidí que no podía importarme, que no debía. Hasta logré convencerme que ya no me atraía. En vano. Un día de aquellos, al verlo en la universidad, bajando de las escaleras después de haber dado su examen de Lógica, me di cuenta que estaba más lindo que nunca, tenía algo diferente. Tanto así, que mis ganas de abrazarlo, de besarlo, se exacerbaron. Sus gestos, la forma cómo sorbía su té burbuja, sus ojos, sus manos lo fueron TODO esa tarde. Al siguiente día saldríamos, y muchas cosas podían suceder. Yo sólo esperaba que fuera algo especial, algo que lo marcara por un tiempo y que pudiéramos volver a retomar, ya que pronto yo tenía que partir hacia mis lares originarios por Navidad. Sin embargo, dicha posibilidad parecía truncarse, ya que al despedirnos ese día con respectivo recordatorio de vernos mañana, él me dijo para incluir a más personas en nuestra pequeña celebración de fin de finales. A pesar de que capté que él no pensaba en nosotros como un binomio en un futuro -lo cuál debí aceptar resignada- me encargué de que estuviéramos los dos solos ese día. Eso fue algo de lo que me arrepiento ahora, por lo que sucede a continuación de la historia.

En fin, el fin de finales llegó y con él lo que yo había esperado tanto, entre un poco decepcionada y esperanzada. Me puse toda bonita y fui a esperarlo en la facultad hasta que terminara de dar su examen de historia. Me senté en el piso, y aguardé comiendo ansias, mientras charlaba con unas amigas que me había encontrado por ahí. Se demoró más de lo que yo había pensado. Finalmente, apareció triunfante, media hora después de lo pactado, con una nota aprobatoria, una sonrisa y un abrazo (con cargadita y todo). Y ya no me importaba haberlo esperado tanto.

Caminamos hasta el paradero, un poco azorados y no muy parlanchines. El destino era su casa, ya que el quería cambiarse y ponerse más bonito para mí (eso es lo que yo quería creer). Durante el trayecto en la combi hablamos de cosas vanales, nos reímos y nos sentimos más cómodos uno con el otro. Entrar en su casa y en su habitación fue territorio nuevo para mí, y una señal de algo bueno. Mostraba en cierta forma, que él había llegado a tener confianza en mí, en poco tiempo que nos conocíamos. En su habitación, yo a mis anchas revisé su colección de discos, de libros, de objetos totalmente extraños hasta que tropecé con el primer signo de que ahí había una presencia que incomodaba: fotos de su ex enmarcadas en un collage en su pared y en un portarretratos. Era obvio que le iba a preguntar que rayos hacía eso ahí, como quién no quiere la cosa. La cuestión es que lo hice, y él respondió con indiferencia ante aquello, asegurandome que lo tenía aún ahí porque le daba pereza sacarlo.

Después de un rato, estando el ya listo para salir, partimos por comida y té burbuja. De ahí tomaríamos rumbo a mi casa, para ver algunos dvd's de conciertos de Peter Gabriel y Rush, y uno de videos de Blur. Después del respectivo llenado de estómago y de algunos inconvenientes de combi, llegamos a mi hogar y nos dispusimos a verlos. Primero fue Rush, luego Peter Gabriel y por último Blur, recopilación de music videos al mejor estilo britt de los nineties durante la cuál estábamos cada vez más cerca...

Y así lo que pasó, pasó, citando a un reggaettonero muy famoso. Nos besamos dulcemente de improviso. Se podría decir que él tomó la iniciativa para sorpresa mía. El intercambio de fluidos duró bastante tiempo. Nuestros labios estaban practicamente pegados, y de cuando en cuando nos parábamos para respirar. Finalmente me entró el miedo de convertirme en un agarre, en una pendejada. Así que lo frené en seco, y con la cabeza fría y los cinco sentidos en orden, traté de poner las cosas en claro. Vino lo peor. ¿Habría algo que definir?

...

Quédense con la duda hasta la próxima sesión.

-Sesión inconclusa-

Terapia del día: escuchar Coffee and TV de Blur me traslada a esa noche, por razones obvias. Hablando de canciones proféticas. A pesar de que escucharla me desagrada en cierta forma (pues siento que marcó en esa noche un momento importante para mí que finalmente fue vano), su letra es genial, su video es memorable (quién no se acuerda de la cajita de leche rosada que muere trágicamente) y el grupo realmente es increíble.












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